IDEA
6 ideas tech para el nuevo gobierno de Colombia (gratis, señor presidente)
Trámites que sirvan, cámaras conectadas, sistemas del Estado que no sean de hace 40 años. Seis propuestas tecnológicas concretas para el gobierno que arranca.

Hoy 7 de agosto se posesiona el nuevo presidente de Colombia. Y mientras medio país celebra y el otro medio se lamenta —como siempre—, yo quiero hacer algo distinto: dejar seis ideas concretas en materia tecnológica. Gratis. Sin consultoría de por medio, sin licitación, sin estudio previo de 400 páginas.
Porque llevo años construyendo tecnología en este país: apps que usan más de 500.000 personas, plataformas para universidades públicas, proyectos con entidades del Estado. Y desde ahí, desde el que le ha tocado pelearse con el sistema por dentro, es que escribo esto.
Ninguna de estas seis ideas es genial ni original. Todas están funcionando ya en otros países. Ese es justamente el punto.
1. Trámites digitales de verdad (y arreglar los que ya existen)
En Colombia ya hicimos la parte fácil de la digitalización: pasamos formularios de papel a formularios en pantalla. El problema es que ahí nos quedamos.
Porque trámite digital no es tener todo en una página fea y vieja que se cae más de lo que funciona. No es que usted necesite un tutorial de YouTube para pagar un impuesto. No es que el sistema le pida un documento que la misma entidad ya tiene. Eso no es digitalizar: es escanear el enredo y subirlo a internet.
Digitalizar de verdad significa rediseñar el trámite, no solo moverlo de medio. Significa que un ciudadano normal —sin conocimientos técnicos, con un celular de gama media y datos limitados— resuelva su vuelta en cinco minutos y sin llamar a nadie.
El ejemplo obligado es Estonia: un país de 1,3 millones de habitantes —menos gente que Barranquilla— que tiene cerca del 99% de sus servicios públicos disponibles en línea, funcionando y con firma digital reconocida. Allá se declara renta en minutos y se crea una empresa en horas.
Si un país más chiquito que un departamento nuestro pudo, la pregunta no es si nosotros podemos. La pregunta es qué estamos esperando.
2. Tecnología para que la seguridad sí funcione
Esta es la que más duele, porque la contradicción es descarada.
En las ciudades colombianas hay miles de cámaras. Cámaras que lo detectan a usted si pasa un semáforo en rojo, si va a exceso de velocidad, si se metió en el carril prohibido. Esas cámaras funcionan perfecto y le llega el comparendo a la casa.
Pero a usted lo atracan en la calle, hay cámaras alrededor, hay video... y no pasa nada.
¿Por qué? Porque las cámaras que multan están integradas a un sistema de cobro, y las cámaras que vigilan no están integradas a nada. Cada entidad tiene su propia red, los formatos no se hablan entre sí, los videos hay que pedirlos con oficio, y para cuando alguien los revisa —si alguien los revisa— el rastro ya se enfrió. El video termina siendo un recuerdo del robo, no una herramienta para resolverlo.
Lo que se necesita ya existe y opera en decenas de ciudades del mundo: un sistema centralizado que integre las cámaras públicas, con analítica en tiempo real capaz de detectar patrones, vehículos y personas de interés, conectado directamente con los organismos de investigación.
Y aquí va el matiz que no puede faltar, porque esta tecnología es poderosa y por eso mismo es delicada: con reglas claras, control judicial y auditoría independiente. La tecnología es para perseguir delincuentes, no para vigilar ciudadanos ni opositores. Un sistema así sin contrapesos es una herramienta de abuso; con contrapesos, es la diferencia entre denunciar un robo y resolverlo.
Pero que el que le robe el celular a alguien en el transporte público sepa que hay un sistema que lo va a identificar... eso cambia el juego completo.
3. Actualizar los sistemas del Estado (sí, los de hace 40 años)
Buena parte de las entidades públicas de este país opera con software de hace tres y cuatro décadas. Pantallas negras con letras verdes. Sistemas que no se comunican entre sí. Información que un funcionario tiene que sacar de un sistema y digitar a mano en otro, con el margen de error que eso implica.
¿Y cuál es la justificación cuando uno pregunta? La misma siempre: "es que siempre se ha hecho así".
Hermano, "siempre se ha hecho así" no es un argumento. Es la confesión de que nadie ha querido arreglarlo. Con esa lógica todavía estaríamos declarando renta en máquina de escribir.
El costo de no modernizar no se ve en el presupuesto, pero se paga todos los días: trámites lentos, datos duplicados, decisiones tomadas con información desactualizada, funcionarios haciendo de puente humano entre dos sistemas que deberían hablarse solos. La deuda técnica del Estado es deuda pública que nadie contabiliza.
Modernizar no es comprar la licencia más cara del mercado. Es definir estándares de interoperabilidad, obligar a que los sistemas nuevos hablen entre sí, y migrar por fases lo que hoy está en tecnología obsoleta.
4. Inteligencia artificial en la educación pública, ya
Mientras en Colombia seguimos debatiendo si usar ChatGPT es hacer trampa, en otros países ya están capacitando profesores para enseñar con IA, diseñando lineamientos de uso y midiendo resultados.
Cada año que perdemos en ese debate es una generación completa que sale al mercado laboral en desventaja frente a muchachos que aprendieron a trabajar con estas herramientas desde el colegio.
Y ojo, que esto no es poner tablets en los salones —ese error ya lo cometimos varias veces, con computadores empolvados en bodegas para probarlo. Es tres cosas concretas:
- Formar profesores primero, no estudiantes. Un profesor que entiende la herramienta la vuelve palanca; uno que le tiene miedo, la prohíbe.
- Lineamientos claros de uso académico: qué es apoyo legítimo y qué es fraude, definido a nivel nacional y no al criterio de cada colegio.
- Herramientas en español y adaptadas al contexto, no traducciones de material gringo que no aterriza en la realidad de un colegio en Chocó o en Nariño.
La IA no va a reemplazar profesores. Pero los estudiantes que sepan usarla sí van a reemplazar en el mercado laboral a los que no.
5. Compras públicas abiertas a startups colombianas
Esta la vivo en carne propia, así que se las cuento sin rodeos.
El Estado colombiano le compra tecnología a los mismos proveedores de siempre. No porque sean necesariamente los mejores, sino porque el proceso está diseñado para que solo ellos puedan participar: requisitos de facturación histórica que una empresa joven no puede tener, pólizas y garantías desproporcionadas, experiencia previa exigida en contratos idénticos, plazos de pago que solo aguanta quien tiene caja para financiar al Estado durante meses.
Venderle tecnología al Estado siendo pequeño es una carrera de obstáculos diseñada para que usted pierda. Y mientras tanto, hay talento colombiano construyendo soluciones mejores y más baratas que las que el país está comprando afuera.
Lo que se necesita no es un discurso de apoyo al emprendimiento: son reglas específicas. Cupos de compra pública reservados para empresas de tecnología nacionales. Procesos simplificados por debajo de ciertos montos. Pilotos pagos que permitan probar antes de contratar en grande. Pagos a 30 días, no a 180.
Es la política industrial más barata que existe: el Estado compra lo que necesita y de paso construye una industria tecnológica local. Otros países ya lo hacen. Nosotros seguimos importando software mientras exportamos talento.
6. Internet como servicio esencial, no como lujo
Y esta va de última porque es el piso de todas las anteriores.
Los datos hoy son mejores de lo que la gente cree: según la Encuesta de Calidad de Vida del DANE, el 73,9% de los hogares colombianos tiene acceso a internet fijo o móvil, y por primera vez más de la mitad de los hogares rurales (56,9%) están conectados. Eso es un avance real y hay que reconocerlo.
Pero el promedio nacional esconde el problema: hay departamentos donde la conectividad sigue siendo marginal, y la brecha entre lo urbano y lo rural sigue en el orden de 20 puntos. Todavía hay municipios donde los muchachos hacen tareas con los datos del celular de la mamá.
Y hay un segundo problema, más silencioso: la CEPAL estima que más del 40% de los colombianos conectados no usa internet para actividades productivas. O sea que no basta con conectar — hay que enseñar a aprovechar. Acceso sin apropiación es infraestructura desperdiciada.
Sin conectividad universal y asequible no existe nada de lo anterior: no hay trámites digitales para el que no tiene internet, no hay educación con IA en zonas sin señal, no hay ciudadanía digital. Es la autopista; todo lo demás son los carros.
Lo más triste de esta lista
Ninguna de estas seis ideas es un invento mío. Todas están funcionando en algún lado del mundo, con resultados medidos y errores ya cometidos por otros. No hay que inventar nada. Hay que copiar bien y ejecutar.
Y ahí está el nudo real del asunto: el problema de Colombia nunca ha sido de ideas. Es de ganas. De cada gobierno que llega con su plan de transformación digital, cambia el nombre de los programas del anterior, y deja la mitad a medio hacer para que el siguiente vuelva a empezar de cero.
La tecnología no es de izquierda ni de derecha. No hay una forma progresista o conservadora de conectar cámaras, de modernizar un sistema o de enseñarle IA a un profesor. Es simplemente la diferencia entre un país que compite y un país que mira competir.
Señor presidente: ahí le dejo la tarea. Son cuatro años. Y en cuatro años volvemos a revisar cuántas de estas seis se hicieron.
Preguntas frecuentes
¿Qué es el gobierno digital y por qué importa en Colombia?
Es la estrategia de usar tecnología para que el Estado funcione mejor: trámites en línea, datos que se comparten entre entidades, servicios que no obligan al ciudadano a hacer filas. Importa porque cada trámite presencial innecesario cuesta tiempo productivo, dinero y confianza en las instituciones.
¿Cuántos hogares en Colombia tienen internet?
Según la Encuesta de Calidad de Vida 2025 del DANE, el 73,9% de los hogares colombianos tiene acceso a internet fijo o móvil. En zonas rurales la cifra es de 56,9%, la primera vez que supera la mitad, aunque la brecha frente a las zonas urbanas sigue siendo de alrededor de 20 puntos.
¿Por qué es difícil que una startup colombiana le venda software al Estado?
Por los requisitos de entrada: facturación histórica, experiencia previa en contratos similares, pólizas costosas y plazos de pago largos que exigen un músculo financiero que una empresa joven no tiene. El resultado es un mercado concentrado en pocos proveedores grandes.
¿Es seguro usar reconocimiento facial para la seguridad ciudadana?
Depende enteramente del marco legal. Sin reglas claras, control judicial y auditoría independiente, es una tecnología con alto riesgo de abuso y de falsos positivos. Con esos contrapesos, es una herramienta eficaz de investigación criminal que ya operan varias ciudades del mundo.
¿Debería prohibirse la inteligencia artificial en colegios y universidades?
Prohibirla es la salida fácil y la más costosa a largo plazo. Lo que funciona es formar a los docentes, definir lineamientos claros sobre qué uso es legítimo y cuál es fraude, y enseñar a usarla como herramienta de trabajo, que es como la va a encontrar el estudiante al salir al mercado laboral.
¿Cuál agregarías tú a la lista? Tengo ideas para todos los ministerios y para casi todas las entidades de este país, y estoy pensando en convertir esto en una serie. Escríbeme en @sebasbayer y cuéntame por cuál entidad deberíamos empezar.
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