Aclaro algo de entrada. Siempre he pregonado que soy una persona transparente, coherente y seria, así que esto lo digo yo mismo antes de que lo diga otro: he trabajado con Jorge Eliécer Laverde asesorándolo en comunicación digital, tecnología e inteligencia artificial. Escribo este texto de todas formas —y lo escribo público— porque la propuesta que hay acá no depende de quién esté en el cargo: de hecho la construí antes de saber quién iba a ganar. Pero usted merece leerlo sabiendo desde dónde lo escribo.

¿Usted se acuerda de esto? Los niños haciendo fila, con el plato bien servido, posando para la foto. Y apenas pasaba el fotógrafo, tenían que devolver el plato.

Programa de Alimentación Escolar: lo que mostraban en la foto frente a lo que realmente les daban a los niños
Lo que mostraban para la foto y lo que de verdad les daban. Aguachica, Cesar, 2016.

Esa foto era la prueba de que el contratista había cumplido.

Pasó en Aguachica, Cesar, en 2016, y fue el video que destapó uno de los robos más vergonzosos de este país: el carrusel del Programa de Alimentación Escolar. Y no lo destapó una auditoría, ni un sistema de control, ni un organismo del Estado.

Lo destapó una profesora con un celular.

El video grabado en Aguachica, Cesar, que destapó el carrusel del PAE
El video grabado por una profesora con su celular: la denuncia que destapó el carrusel del PAE.

El tamaño del robo

Para dimensionarlo, con datos de la propia Contraloría y de la Fiscalía:

  • En Santander se detectó carne de burro y de caballo servida a los estudiantes.
  • En el Amazonas, en el internado de Tarapacá, facturaron huevos a 900 pesos que valían 350, y panela a 65.200 que valía 38.000.
  • En Arauca hubo cientos de estudiantes intoxicados, y se facturaron comidas en días en los que no hubo clase.

La Fiscalía terminó capturando a decenas de personas por ese entramado. Alcaldes, contratistas, funcionarios.

Y el patrón se repitió en departamento tras departamento, con la misma lógica: el que roba en alimentación escolar sabe que le está robando a los niños que menos tienen, y lo hace igual, porque sabe que nadie está mirando.

El problema real no es la falta de leyes

Colombia no tiene un problema de normas. Tiene un problema de ojos.

Los organismos de control no pueden estar en 1.100 municipios al mismo tiempo. No tienen cómo. Pero ¿sabe quién sí está ahí todos los días? La mamá que recoge al niño. El profesor que ve las loncheras. El rector. El conductor de la ruta. El vecino.

Esa gente ve. Todos los días. El problema es que denunciar en Colombia sigue siendo un acto de valentía.

Porque hoy, para denunciar, usted tiene que poner su nombre, su cédula, su correo, su teléfono. En un municipio donde el contratista es primo del alcalde, o socio del concejal, o aliado de gente con la que uno no se mete.

Entonces la gente ve... pero se calla. Y no por indiferencia: por instinto de supervivencia.

Todo el sistema de control fiscal de este país depende de que aparezca una persona valiente con un celular.

Eso no es un sistema. Eso es suerte.

Entonces construí esto

Me puse a pensar cómo se vería un sistema donde denunciar no requiriera coraje, y terminé programándolo. Funciona así:

1. Un link. Sin registro, sin nombres, sin cédula

Usted entra, toma la foto del plato que le están dando a los niños, y le da enviar. Ya. No hay cuenta, no hay correo, no hay teléfono. Nadie sabe quién fue, ni siquiera yo.

Primer paso del reporte ciudadano: fotografía solo la bandeja, no pedimos tus datos y recibes un radicado
El reporte ciudadano completo toma menos de dos minutos: una foto, un colegio, enviar.

El anonimato no es un detalle técnico: es la condición para que la gente denuncie. Sin anonimato no hay denuncia en la Colombia rural.

Formulario de reporte: adjuntar hasta 8 fotos como evidencia y elegir el colegio donde ocurrió
Hasta 8 fotos como evidencia y el colegio donde ocurrió. Sin nombre, sin cédula, sin correo.

2. La inteligencia artificial evalúa la evidencia

Esa foto llega a un panel. Y la IA analiza la imagen: qué se ve en el plato, qué tan grave es la irregularidad frente a lo que debería entregarse, y le asigna un nivel de prioridad.

No reemplaza el juicio humano. Ordena la fila para que un investigador humano ataque primero lo más grave, en vez de perderse en un mar de PDFs.

Confirmación del reporte con número de radicado y prioridad sugerida automáticamente por la plataforma
Al enviar, la plataforma entrega un radicado y la IA sugiere una prioridad — que siempre valida una persona.

3. Cruza la denuncia con el contrato real

Aquí está el corazón del asunto. La plataforma toma la ubicación de la denuncia y busca en el SECOP —la base de datos pública donde están todos los contratos del Estado colombiano, disponible para cualquiera— cuál es el contrato de alimentación de ese municipio: cuánto se está pagando por cada ración, quién es el operador, por cuánto tiempo, por cuánta plata.

Y entonces cruza las dos cosas: lo que se pagó contra lo que llegó al plato.

Detalle de un caso con los contratos públicos relacionados: entidad, proveedor, valor y porcentaje de coincidencia
El corazón del sistema: la denuncia cruzada con los contratos públicos de alimentación del municipio.

Esa comparación es la que hoy toma meses de trabajo y papeleo. Acá toma segundos.

4. Todo público, en tiempo real

El panel es público. Cualquier ciudadano, cualquier periodista, cualquier veedor puede entrar y ver el mapa de denuncias, la evidencia, los contratos asociados y los presuntos responsables — que son, aclaro, presuntos: lo que la plataforma muestra son contratos públicos y evidencia ciudadana, no condenas.

Panel de casos ciudadanos de la plataforma: reportes priorizados por riesgo con evidencia fotográfica
El panel de casos: los reportes del territorio priorizados por riesgo, con su evidencia.

Pero la sola visibilidad ya cambia el juego. Un contratista que sabe que cualquier mamá con un celular puede poner su contrato en un mapa público, se piensa dos veces el negocio.

Mapa de alertas en el territorio: casos por municipio con nivel de riesgo y patrones territoriales detectados
El mapa de alertas en el territorio: los casos por municipio, con su nivel de riesgo.

Y sí, también hablemos del diseño

Sé que esto suena superficial al lado de todo lo anterior, pero es justo lo contrario, así que lo digo: mi plataforma es infinitamente más bonita y más fácil de usar que las plataformas donde hoy uno tiene que denunciar.

Y eso no es un tema de gusto. Es un tema de resultados.

Página de inicio de la plataforma de denuncias: un mensaje claro, dos botones y el mapa de alertas ciudadanas en vivo
La página de inicio: un mensaje, dos botones y el mapa de alertas ciudadanas en vivo.

Entre en cualquier portal del Estado colombiano y trate de hacer algo. Lo que sea: pagar un impuesto, buscar un contrato, pedir un certificado, consultar en qué va un trámite, poner una denuncia. Menús dentro de menús, formularios de veinte campos, lenguaje jurídico que solo entiende un abogado, botones que uno no sabe si son botones, páginas que no sirven bien en el celular — que es donde vive la gente. El mensaje que eso manda, sin decirlo, es: váyase.

Esto tiene un nombre y es una disciplina entera: experiencia de usuario. Que suena a palabra de agencia, pero significa algo bien sencillo — qué tan fácil le hace usted la vida a la persona que va a usar lo que usted construyó. No cómo se ve. Qué tan fácil es.

Y se mide. Cada clic de más es gente que abandona. Cada campo obligatorio innecesario es una transacción que no se completó, una búsqueda que nadie terminó, una denuncia que no se hizo. Cada formulario que pide "número de radicado" es un ciudadano que cierra la página y sigue con su día, porque no tiene ni idea de qué es un radicado — ni tiene por qué saberlo.

En el mundo del software a eso se le llama tasa de conversión, y aplica igual para una tienda online que para un portal del Estado: de cada cien personas que entraron a hacer algo, ¿cuántas lo lograron? Si de cada cien que quieren denunciar solo terminan tres, usted no tiene un problema de ciudadanía indiferente. Tiene un problema de diseño.

Por eso mi plataforma es una foto y un botón. No porque yo sea muy diseñador, sino porque entendí para quién es: no es para un auditor con dos monitores. Es para una señora en la puerta de un colegio, con un celular de gama media, con datos contados y con dos minutos entre que entrega al niño y se va a trabajar.

Si en esos dos minutos no logró denunciar, la denuncia no existe. Y el contratista gana.

Hacer las cosas bonitas y fáciles no es maquillaje. En control fiscal, la usabilidad es literalmente la diferencia entre enterarse y no enterarse.

Seamos claros: esto es un MVP

Las imágenes que acompañan este texto son capturas reales de la plataforma funcionando. Y siendo honesto con lo que hay y con lo que no hay, aclaro de una vez lo que no es:

No está conectada al SECOP en vivo. El cruce con los contratos lo hace sobre datos cargados, no sobre una integración oficial con la plataforma del Estado.

No tiene infraestructura para miles de denuncias diarias. Es un prototipo, no un sistema nacional en producción con su seguridad, su soporte y su capacidad.

No está conectada en tiempo real con el auditor del municipio, ni con la Contraloría, ni con la Fiscalía, ni con nadie. No dispara alertas a ningún funcionario porque no tengo cómo llegarle a ninguno.

La plataforma marca con etiquetas los datos simulados y los casos de demostración, separados de los reportes reales
La demostración separa lo real de lo simulado: cada caso de prueba está marcado como tal.

¿Y por qué no? No es por falta de talento, ni porque sea técnicamente difícil. Ninguna de esas tres cosas es un reto de ingeniería: son un reto de acceso. La integración con el SECOP se resuelve con un convenio. La infraestructura se resuelve con presupuesto —presupuesto que la Contraloría tiene—. La conexión con los auditores se resuelve con una directriz interna.

Todo eso lo tiene quien está adentro. Yo estoy afuera.

Esa es exactamente la diferencia entre lo que usted está viendo y una herramienta nacional de control fiscal: no es capacidad técnica. Son llaves. Y las llaves no se programan.

Y aquí viene lo incómodo

Esto no es ciencia ficción. Funciona. Lo programé yo solo, con inteligencia artificial, en dos días.

Dos días. Una persona. Sin presupuesto, sin licitación, sin consultoría internacional, sin mesas técnicas, sin un año de diagnóstico.

Entonces, cuando le digan que estas cosas son muy complicadas, que necesitan años, que cuestan miles de millones, que hay que contratar una firma, que primero hay que hacer un estudio de viabilidad... acuérdese de este texto.

Y le adelanto los tres argumentos que siempre aparecen:

"Es que en los pueblos no hay internet." Falso, y además revelador: según el DANE, cerca del 57% de los hogares rurales ya tiene acceso a internet, y la penetración móvil es todavía mayor. La gente sube historias a Instagram desde veredas donde supuestamente no hay señal. Si alcanza para eso, alcanza para subir una foto.

"Es que las denuncias anónimas no sirven como prueba." No tienen que serlo. La denuncia anónima no reemplaza el proceso: lo activa. Le dice a un investigador dónde mirar. Hoy lo que falta no son pruebas: es saber dónde buscar.

"Es que se prestaría para denuncias falsas." Puede pasar, y por eso existe la priorización: se cruza con el contrato real, se agrupan denuncias de una misma zona, y las anomalías repetidas pesan más que un caso suelto. Un sistema con ruido y señal es infinitamente mejor que uno con silencio absoluto, que es lo que tenemos hoy.

No es falta de talento. Es falta de voluntad

Este país tiene ingenieros, tiene datos abiertos, tiene el SECOP funcionando desde hace años, tiene inteligencia artificial disponible para cualquiera con conexión, y tiene millones de ciudadanos con un celular en el bolsillo dispuestos a mostrar lo que ven.

Tiene todo. Todo.

Lo único que ha faltado, durante décadas, es que alguien con el poder de hacerlo diga: hagámoslo.

Y hoy ese alguien tiene nombre. Este miércoles el Congreso en pleno eligió a Jorge Eliécer Laverde como Contralor General de la República para el período 2026-2030.

Le va a llegar, como a todos los que han pasado por ese cargo, una avalancha de recomendaciones, de consultorías, de firmas ofreciendo sistemas carísimos y de gente pidiendo puestos. Yo no vengo por nada de eso. Lo que hay en este texto está hecho, funciona, y está disponible para quien quiera usarlo.

Y lo digo con el mismo rasero con el que voy a hablar dentro de cuatro años: esta plataforma, o cualquiera parecida, es medible. O se implementa algo que le permita a un ciudadano denunciar sin miedo y que cruce esa denuncia con el contrato real, o no se implementa. No hay zona gris.

Señor Contralor: cuatro años son 1.460 días. Yo hice esto en dos.
Sebas Bayer

Acá estaremos revisando.


¿Qué entidad deberíamos arreglar la próxima semana? Esto es parte de una serie donde propongo soluciones concretas de tecnología para el Estado colombiano. Escríbame en @sebasbayer y dígame cuál sigue — o etiquete al funcionario que debería estar leyendo esto.