IDEA
El temblor de afuera y el de adentro: crónica de un día que se movió dos veces
Cómo viví el terremoto del 10 de agosto minuto a minuto, por qué tu celular sonó segundos antes y por qué el piso me siguió moviendo todo el día.

Me había despertado hacía unos diez minutos. Y cuando me paré de la cama sentí algo que no me pasa nunca: estaba mareado. Lo noté raro, pensé "qué cosa tan extraña", y seguí.
Me puse una sudadera y una camisa, porque estaba en ropa interior. Guarden ese dato, que después cobra importancia.
Fui a hacerme el café. Y en ese momento empezó a moverse todo.
7:34 de la mañana
Lo primero que uno piensa es lo mismo que pensaron millones de personas al tiempo: "¿está temblando?". Esa duda de dos segundos donde uno todavía cree que puede ser el vecino arrastrando un mueble.
Y ahí empezaron a sonar las alarmas. Las del edificio, esas que suenan durísimo y que uno nunca había oído en serio. Y al mismo tiempo, las alarmas sísmicas de los celulares. Ahí ya no hubo duda.
El piso se movió en serio. Y uno entra en un shock raro, de no saber qué hacer. Yo estaba en un cuarto piso, en un edificio más bien cuadrado, de esos que uno asume que no deberían moverse tanto... y se sentía terrible. Ese shock se siente larguísimo mientras está pasando, pero creo que en realidad duran pocos segundos.
Tenía el celular en la mano. Y por costumbre —una costumbre que nunca pensé que fuera a agradecer tanto— siempre dejo las llaves al lado de la puerta. Solo sé que agarré el celular y las llaves de camino a la salida, y salí.
Al abrir la puerta ya estaban todos los vecinos evacuando. Digamos que fue una forma no muy decorosa de conocer a la gente del edificio. Nadie ahí estaba pensando en la pinta.
Afuera nos quedamos esperando lo que uno espera en esos casos: una réplica. Y en algún momento se cayó la señal del celular por un rato, que es de las sensaciones más incómodas del día, porque es justo cuando uno quiere saber si los suyos están bien.
Yo tengo familia en Pereira. Mi papá es de allá y mis tías viven ahí. Así que mientras subíamos otra vez al apartamento, yo estaba en lo mismo que medio país: dándole al teléfono a ver si entraba algo. Y no fue el "todos bien" inmediato que uno quiere leer — hubo un rato largo de no saber, que es de las esperas más incómodas que hay.
Después empecé a ver lo que estaba pasando en redes.
Lo que pasó de verdad
Ahí fue devastador.
El Servicio Geológico Colombiano confirmó un sismo de magnitud 7,4, con epicentro en San José del Palmar, Chocó, a 96 kilómetros de profundidad. El de mayor magnitud registrado en el país en lo que va del siglo. Se sintió tan lejos que hubo reportes en Ecuador, Venezuela y Panamá.
Se declaró desastre nacional. Manizales fue de las ciudades más golpeadas —hubo daños incluso en la Catedral—, y hubo afectaciones serias en Pereira, Armenia, Cali y buena parte del Valle. El balance oficial ya supera el centenar de personas fallecidas, una cifra que puede seguir cambiando a medida que avanzan las labores de búsqueda y rescate.
Uno sale del edificio pensando en su propio susto, abre el celular y se le acomoda la perspectiva de golpe: mientras yo estaba conociendo a mis vecinos en pantaloneta, había familias perdiéndolo todo. Y familias perdiendo a alguien.
Todo lo demás que cuento en este texto —incluido lo mío— es pequeño al lado de eso, y así quiero que se lea.
Los cinco segundos que te dio tu celular
Volvamos al detalle de la alarma del teléfono, porque ahí hay algo que me parece de las cosas más impresionantes que hace un celular y casi nadie sabe que la trae.
Y aquí una aclaración, porque los que me conocen saben que yo uso iPhone y que esa alerta no me llega: en este momento tengo un Android en la casa por una publicidad que estoy grabando. Ese fue el que sonó. Y menos mal.
Lo primero que hay que decir es que eso no fue una predicción. Nadie en el mundo puede predecir un terremoto. Lo que pasó es algo distinto y más ingenioso.
Cuando ocurre un sismo se generan dos tipos de ondas. Las ondas P viajan más rápido pero sacuden poco: son las que uno siente al principio como ese "algo raro". Las ondas S vienen después, más lentas, y son las que de verdad mueven el suelo y tumban cosas.
Ahí está el truco: si usted detecta las ondas P y manda un aviso por internet —que viaja a la velocidad de la luz—, el aviso le gana la carrera a las ondas S. No evita nada. Le da unos segundos.
¿Y quién detecta esas ondas P? Aquí está la parte hermosa: su propio celular. Los teléfonos Android tienen un acelerómetro —el sensor que sabe si usted lo puso horizontal o vertical— y Google convirtió millones de esos sensores en una red sísmica gigante. Cuando muchos teléfonos de una misma zona vibran raro al mismo tiempo, los servidores lo procesan en milisegundos y despachan la alerta a los que están más lejos del epicentro.
O sea: usted no tiene un sismómetro en la casa. Usted es parte de un sismómetro de millones de piezas, y no se había enterado.
Cómo activarlo (30 segundos y es gratis)
En Android: Configuración → busque "Alertas de sismos" → actívelo. Necesita ubicación encendida y conexión a internet. Si tiene el ahorro de batería muy agresivo, puede retrasar la alerta.
En iPhone la función nativa no está habilitada en todos los países —de ahí que muchos no la hayamos recibido nunca—, así que toca apoyarse en aplicaciones de alerta sísmica y en los canales oficiales del Servicio Geológico Colombiano.
Cinco segundos suenan a nada. Cinco segundos son salir del baño, alejarse de una ventana, agarrar al niño, despertar a alguien, coger las llaves. En un país sísmico como este, esos segundos son tecnología que salva vidas y está gratis en el bolsillo de millones. (De tecnología que ya existe y no estamos usando escribí hace unos días, a propósito del nuevo gobierno.)
Y de paso: si se le cayó la señal como a mí, eso también tiene explicación. Después de una emergencia todo el mundo llama al mismo tiempo y la red se congestiona. Por eso en esos momentos los mensajes de texto o de datos suelen pasar mejor que las llamadas: pesan menos y no ocupan un canal completo.
El piso me siguió moviendo todo el día
Aquí viene la parte que más gente me confirmó después: el temblor no se le acaba a uno cuando se acaba.
Al mediodía, cuando me estaba bañando, sentía que todo se movía. Salí a grabar y seguía con la sensación. Terminé en una cafetería de la 93 comiéndome un alfajor a ver si se me pasaba el mareo, que ya llevaba horas conmigo.
Y resulta que eso tiene nombre. Se le llama mareo post-sísmico —en la literatura médica lo estudiaron bastante después del terremoto de Japón en 2011— y es básicamente el cerebro quedando en modo alerta: el sistema del equilibrio, que se sostiene en el oído interno y en lo que uno ve, queda recalibrando y le hace sentir movimiento donde no lo hay. No es que usted sea impresionable. Es que el susto también se le queda al cuerpo.
Lo cual me hace pensar en el mareo raro que sentí al levantarme, diez minutos antes de que temblara. No fue premonición ni nada parecido —las ondas P se adelantan segundos, no minutos—, así que fue casualidad. Pero fue de esas casualidades que a uno le quedan dando vueltas todo el día.
Lo que aguanta no es lo rígido: es lo que se mueve
Hay otra cosa de ingeniería que me quedó dando vueltas de este día.
Uno creería que un edificio resiste un terremoto por ser duro. Es al revés. Las construcciones sismorresistentes están diseñadas para moverse: para absorber la energía balanceándose, disipándola, cediendo un poco. Lo que se parte es lo que no tiene por dónde ceder.
Un edificio rígido se resiste al movimiento y se quiebra. Uno flexible se deja mover y queda de pie.
Escribí esa frase pensando en estructuras y me quedé mirándola un rato largo. Porque ese mismo día, unas horas después, me pasó exactamente eso... pero por dentro.
El segundo temblor del día
En la tarde llegó el cliente para la grabación. Y mientras estábamos ajustando el set, entró un mensaje al celular.
No era nada del otro mundo. Era algo cortés, de esos que se mandan un día como ese: espero que todos estén bien. Punto. Nada más.
Salvo por un detalle: esa persona sabía perfectamente que yo tengo familia en Pereira. Y ahí un mensaje genérico deja de ser genérico.
Y me movió todo por dentro durante horas.
Grabé disimulando. Después me fui al gimnasio y me metí una sesión de bicicleta endemoniada, de esas que uno hace no para entrenar sino para que el cuerpo le gane a la cabeza. Y terminé en un bar donde llevo años cerrando ciclos, con un par de cervezas, antes de irme a dormir.
Y ya sé lo que se están preguntando: ¿quién es? ¿Quién puede ponerlo a uno así con un mensaje de una línea? ¿Está o estuvo con alguien? ¿Qué pasó ahí?
No las voy a responder acá. Por respeto, porque esa historia no es solo mía. Pero a estas alturas ya deben estar intuyendo de qué se trata: crazy little thing called love.
Lo que sí quiero contar es lo que entendí esa noche. Porque eso sí me sirvió.
Un terremoto no crea la tensión: la libera
Esto es lo que más me impresionó cuando me puse a leer sobre lo que había pasado en el Chocó.
Las placas tectónicas llevan años, décadas, siglos empujándose entre ellas sin moverse, acumulando presión. La tierra no se rompe el día del terremoto: la tierra viene aguantando desde hace muchísimo. Lo que pasa ese día es que por fin suelta, en segundos, toda la energía que llevaba guardada.
El terremoto no es el problema. El terremoto es la liberación.
Y eso fue exactamente lo mío. Un mensaje de una línea no tiene el poder de moverle el día a nadie... a menos que lo que se mueva ya llevara mucho tiempo empujando en silencio. La presión no la creó ese mensaje. La presión ya estaba ahí, esperando por dónde salir.
Por eso cuando algo así llega y a uno lo revuelca completo, la reacción típica es pensar "qué frágil soy, si esto ya lo tenía superado". Y no. Uno no era frágil: uno era una placa aguantando. Y aguantar en silencio no es lo mismo que estar bien.
Las réplicas
El otro concepto que me sirvió: un terremoto no es un evento, es una temporada.
Después del sismo principal viene una secuencia de réplicas. Más pequeñas, sí, pero durante días o semanas. Y son especialmente jodidas porque llegan cuando uno ya creía que había pasado lo peor y lo obligan a revisar todo otra vez.
Los duelos funcionan igual. Uno cree que ya pasó el remezón grande y de repente una canción, una foto, una fecha. Un mensaje de una línea. Eso no significa que uno esté estancado ni que no haya avanzado: significa que la estructura todavía se está acomodando.
La diferencia con la tierra es que las réplicas de uno sí van perdiendo fuerza. Solo que uno no lo nota mientras está pasando.
Cierres que también son comienzos
Voy a ser honesto en algo, porque de nada sirve escribir esto si termino vendiendo una lección aprendida en 24 horas: todavía estoy triste.
Pero que esté triste no significa que haya sido malo. Yo creo que lo de ese día fue para bien — y no "para bien en unos años", sino para bien desde ya. Porque lo que se liberó dejó de estar apretando. Y hay una paz rara en eso, aunque venga acompañada de tristeza. Las dos cosas caben al mismo tiempo. Nadie nos enseña eso, pero caben.
Ese lunes la tierra se movió, hubo gente que perdió muchísimo más de lo que yo puedo dimensionar, y hubo un país entero preguntándole al vecino si estaba bien. Y en medio de todo eso, a mí se me soltó una placa que llevaba un año empujando.
Que un edificio quede en pie no depende de que no se mueva. Depende de que sepa moverse.
Preguntas frecuentes
¿Cómo activo la alerta de sismos en mi celular?
En Android: Configuración → buscar "Alertas de sismos" → activar. Requiere ubicación activada y conexión a internet. En iPhone, la función nativa no está disponible en todos los países; se recomienda usar apps de alerta sísmica y seguir los canales oficiales del Servicio Geológico Colombiano.
¿La alerta sísmica predice los terremotos?
No. Ningún sistema del mundo predice terremotos. Lo que hace la alerta es detectar las primeras ondas del sismo (ondas P, más rápidas y menos destructivas) y avisar por internet antes de que lleguen las ondas S, que son las que causan los daños. Puede dar unos segundos de ventaja.
¿Por qué siento que sigo temblando después del sismo?
Es un fenómeno documentado, conocido como mareo post-sísmico. El sistema del equilibrio queda recalibrando después del movimiento y del susto, y genera la sensación de movimiento sin que lo haya. Suele pasar solo en horas o días.
¿Por qué se cae la señal del celular después de un temblor?
Por congestión: mucha gente intenta llamar al mismo tiempo y la red se satura. En esos momentos los mensajes de texto o por datos suelen pasar mejor que las llamadas, porque ocupan menos capacidad de la red.
¿Qué debo hacer durante un sismo?
Según el SGC: si está en una construcción sismorresistente, ubíquese cerca de columnas o bajo un escritorio, lejos de ventanas y de objetos que puedan caer. Si está en una construcción informal, evacúe con cuidado. No use ascensores y no se ubique bajo los marcos de las puertas.
Si quiere ayudar, hágalo por los canales oficiales de la Cruz Roja Colombiana, la Defensa Civil o los organismos de socorro de su ciudad, para que la ayuda llegue donde tiene que llegar. Y active la alerta en su celular: toma treinta segundos y algún día le va a servir.
Si a usted también se le movió algo por dentro estos días, cuéntemelo en @sebasbayer. A veces saber que la placa de al lado también venía aguantando ayuda bastante.
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